sábado

Tormenta





Cuando caía una tormenta mala

mi abuela rezaba
pedía a Dios
que se apiadara de nosotros
que éramos pobres
y lo menos que necesitábamos
era el granizo
que arrasaba la cosecha.

Mi padre blasfemaba
le parecía un capricho divino
despiadado
aquella tormenta que saqueaba
el fruto de su trabajo
y nos dejaba aún más pobres
y desolados.

Mi madre no decía nada,
corría a buscar el orinal
el cubo y la palangana
y los ponía en el suelo
bajo las goteras que caían
de la techumbre
de la casa.



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