domingo

Abuela






Era entonces
tan pequeño
como mi conocimiento,
sin poso.

Empezaba a tantear la vida
amparado
en su ternura,
cobijado
en el surco de su regazo,
mullido
por sus besos y sus alertas.

Iba descubriendo el mundo
a través de su relato vigoroso,
amamantado
en el caudal limpio
de su palabra,
en la tierra fértil
de su experiencia.

Me reconocía
en el cascabeleo de su voz
cuando pronunciaba
mi nombre
Si algún leve pesar
me acontecía
buscaba refugio
en ella.

Ella ya no está
ni yo soy pequeño,
pero a veces
cierro los ojos
y siento el amparo de su regazo,
leo el mundo con sus ojos,
lo comprendo en su relato,
me reconozco
en ella.


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